Carmen Campos. Maracay, Venezuela
Desnudo las palabras
siempre quedan vestigios
penurias desgarrando
a veces las escupo las grabo en epitafios
siempre llegan punzantes
hirientes irritables portando el mismo olor
cabalgando en el aire adormecido
y golpeando mis sienes con dureza
No hay escape
ahora los minutos tejen la red virtual
parpadean las luces de los cirios
No duermo desde el sillón con un libro entreabierto
vigilo la ventana de mi cuarto
en penumbra la casa permanece
y lenguas de metal lamen mis dientes
En juego de espejos fragmentados
dedos sin piel se multiplican
y arañan mi pecho desguarnecido
Signos apocalípticos cabalgan
sobre la vigilia no hay remedio
se inicia mi locura
Sombrío sí sombrío un manto me cubre
nostalgia de pieles cadenas de hierro
resuenan resuenan
Cuchillos dorados tasajean mi pecho
la aguja herrumbrosa
sutura mi carne sin piel escupo las aguas putrefactas
abrasan los labios y los dientes
ahí se fuga el aliento paso a paso
Herida sí herida
Araño ventanas Arrincono ayeres
Lagartos mojados hunden en mi espalda tijeras
Oscuro sí oscuro el lodo me tapia tañen las campanas
la luna sin rayos se niega se niega
¿Quién grita? ¿Quién llama?
¿Quién toca la puerta? ¿Qué sangre me baña?
¿Cuál fuerza me empuja al abismo?
Madre ¿dónde estás?
Maldita niebla no me envuelvas
ruego se lleven esas sombras puesto que no son mías
Cuchillos sí cuchillos
alas de gaviota clavan en mi pecho
Sangre sobre sangre luego de la muerte
sólo un ojo ciego tan ciego...
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